¿Qué es una relación violenta?
Para saber que es una relación violenta primero debemos saber qué es violencia, así pues...
La raíz etimológica del término “violencia” remite al concepto de fuerza. Este sustantivo deriva en verbos tales como violentar, violar o forzar. A partir de esta primera aproximación semántica, se puede decir que la violencia siempre implica el uso de la fuerza para producir un daño. En un sentido amplio, puede hablarse de violencia política, económica, social y hasta meteorológica, y en todos los casos el uso de la fuerza remite al concepto del poder (Corsi, 1995).
Por lo tanto, una relación violenta es aquella forma de utilizar la fuerza y el poder sobre una persona con la que existe algún vínculo cercano (relación) con un fin determinado; cabe destacar aquí que el poder y la fuerza siempre son totalmente intencionados.
Se puede considerar que existen en cada pareja dos realidades emocionales: la que es producto de la historia de aprendizaje del varón y la que es propia de la mujer. Las diferencias entre ambas perspectivas será el termómetro que marcará los posibles conflictos en la relación de pareja, derivados de las diferentes conceptualizaciones o significados psicológicos que cada integrante pueda tener de las experiencias vividas. Las diferentes maneras de interpretar el entorno por parte de cada integrante de una pareja y actuar en consecuencia tienen relación con los estilos de crianza a los cuales fueron sometidos, ya sea mediante una férrea disciplina o una comprensión empática, indiferencia o cariño, y ambos pueden tener profundas consecuencias en su vida emocional y, por consiguiente, en sus relaciones posteriores (Goleman, 1999).
El maltrato a la mujer por su pareja es uno de los problemas cada vez más recurrentes en nuestra sociedad, aunque se trata de un problema universal que tradicionalmente se ha mantenido oculto ya que se consideraba como un fenómeno “privado”, lo que durante años obstaculizó su estudio. Alguna investigación realizadas no hace muchos años muestran que la violencia intramarital tiene un considerable impacto en la salud de la mujer, de tal forma que se está considerando calificarla como un problema importante de salud pública (Matud, 2004)
Corsi (1995) señala que la violencia se manifiesta generalmente a través del ejercicio del poder mediante el empleo de la fuerza (ya sea física, psicológica, económica o política) e implica la existencia de una lucha por el poder. Es posible detectar esta relación en los roles sociales establecidos entre padre-hijo, hombre-mujer, patrón-empleado o joven-anciano. Estas pautas de comportamiento pueden tener como efecto conductas tendientes hacia la violencia, dirigidas al elemento más débil de la pareja, especialmente la mujer y los niños.
En la Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo, realizada por el Instituto Mexicano de la Juventud en 2007, los resultados señalan que 15.5 % de los mexicanos de entre 15 y 24 años con relaciones de pareja ha sido víctima de violencia física, 75.8% ha sufrido agresiones psicológicas y 16.5 % ha vivido al menos una experiencia de ataque sexual; dicho estudio destaca que la violencia en el noviazgo tiende a pasar desapercibida por las instituciones y por los propios jóvenes, lo que ocasiona la falta de apoyo institucional y familiar a las víctimas (Poy, 2008).
CC por Mohamed Hassan
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